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RAMON LLULL (1235 - 1316)
EL LIBRO DE LOS PROVERBIOS
(Selección)
Miraguano Ediciones, Madrid 1989. págs. 44-45, 58-59, 67-70.

XXI

De la divina totalidad


         1. Nada infinito puede ser parte.

         2. Si todo el Hijo no fuese engendrado de todo el Padre, en Dios, paternidad y esencia no podrían identificarse.

         3. Porque el Hijo es engendrado de todo el Padre, es toda la esencia del Padre.

         4. Si el Espíritu Santo no procediese de todo el Hijo, como procede de todo el Padre, la bondad del Hijo respecto del Espíritu Santo sería finita.

         5. No hay bondad plena sin "bonificante, bonificable y bonificar".

         6. El poder infinito no puede caber en algo finito.

         7. El poder que trasciende todo lo finito, necesariamente, ha de ser infinito.

         8. Todo lo que Dios puede en las criaturas, alcanza su fin en la naturaleza humana de Cristo.

         9. Dios, por ser indivisible, está en todo lugar.

         10. Dios es más poderoso con todo su poder, que con una parte del mismo.

         11. Ninguna esencia puede ser infinita, si de sí misma no puede producir algo.

         12. No hay hombre alguno que pueda poseer a Dios, sin poseerlo todo.

         13. Cada Persona divina se halla en otra.

         14. La razón por la cual cada persona divina puede ser toda ella en otra, es porque una procede de otra en infinitud.

         15. Todos los actos de las divinas razones son unos en otros.

         16. Sin nada, los hombres no podrían participar de Dios, ni Dios de ellos.

         17. En la sustancia creada, el todo es mayor que cada una de las partes.

         18. Si el todo no fuese mayor que cada una de las partes, el hombre no sería en número ternario.

         19. Porque Dios no consta de partes, tan perfecta es su trinidad como su unidad.

         20. Si no se hubiese encarnado todo el Hijo de Dios, no todo él sería hombre.

 


XXXIII

De la producción


         1. Quien de su bondad no produce bien, no es buen productor.

         2. Una producción buena y grande es fruto de una gran bondad.

         3. No hay potencia que, sin producir, pueda tener acto.

         4. Las razones divinas, al producirse las divinas personas, se comunican mutuamente sus semblanzas.

         5. La producción infinita necesariamente es de la infinitud, y la eterna, de la eternidad.

         6. Producción que no consigue el fin, no es producción grande.

         7. Poca cosa es quien, de su grandeza. consigue poco.

         8. Lo que produce algo grande, necesariamente es grande.

         9. La producción que no logra su fin, necesariamente es escasa.

         10. En las criaturas, no hay producción sin crecimiento.

         11. Toda forma que pasa de potencia a acto, es forma nueva.

         12. El amar, en Dios, en cuanto es producido, es persona; y, en cuanto no es producido, es esencia, amor y naturaleza.

         13. El Padre, en cuanto se conoce como Padre, produce el Hijo; y el Hijo, en cuanto se conoce, como Hijo, no produce persona alguna.

         14. Si el Hijo, conociéndose, como Hijo, produjese un Hijo, sería Hijo del Hijo y no del Padre.

         15. Si el Padre, conociéndose como Padre, produjese al Espíritu Santo, el Espíritu Santo sería Hijo.

         16. Si el Hijo, conociendo al Padre, produjese el Espíritu Santo, sería Padre del Espíritu Santo.

         17. Porque el Padre y el Hijo se contemplan por amor y no por la paternidad ni por la filiación, producen el Espíritu Santo, que no es Padre ni Hijo.

         18. El Espíritu Santo, en cuanto es conocido por el Padre y por el Hijo, no puede ser conocido como Padre ni como Hijo.

         19. La producción divina comienza en el Padre, que engendra el Hijo, y termina en el Espíritu Santo.

         20. Es mucho más necesaria la producción en el poder y del poder eterno e infinito, que en el poder y del poder creado y finito.

 

XL

De la participación

         1. Dios, en virtud de la creación, participa, en el obrar, con todas las criaturas.

         2. Dios, en virtud de la Encarnación, participa, en el ser, con todas las criaturas.

         3. En la humanidad que Dios tomó, se halla la síntesis de todas las criaturas.

         4. La bondad divina y la bondad creada participan en su semejanza.

         5. La voluntad divina y la creada participan en amar.

         6. Dios y la criatura participan, por el fin.

         7. Sin la Encarnación, Dios y la criatura no participarían en el ser; sino, únicamente, en el obrar.

         8. Mayor participación es la del ser y la del obrar, que una sola de las dos.

         9. La Encarnación es el fin de toda participación creada.

         10. Dios, en la Encarnación, participa más con un hombre, Cristo, que con todas las criaturas.

         11. Dios quiere más la mayor participación del bien, que la menor.

         12. Dios más quiere la participación de uno y otro poder, en la grandeza, que en la poquedad.

         13. Dios instituyó el Sacramento del Altar para, en esta vida, poder participar con muchos hombres.

         14. Todos los hombres que participan del poder de Dios, participan de Dios.

         15. Dios de su poder hace partícipe al hombre, para que haya gran comunicación entre poder y poder.

         16. Por medio de la contrición, la confesión y la satisfacción, Dios participa con el pecador.

         17. Dios participa con los hombres, por medio de la fe, la esperanza y la caridad.

         18. La mayor participación que puede darse, es de Dios y Dios, en la unidad de la esencia y naturaleza.

         19. Por la producción de la Generación y de la Espiración, cada una de las divinas razones participa con la otra.

         20. Todos los actos de las divinas razones participan unos con otros.

 

XLI

De la "edificación"


         1. Dios Padre edifica a su Hijo en la infinitud y en la eternidad.

         2. Dios Padre y Dios Hijo "edifican" en sí mismos, a Dios Espíritu Santo.

         3. No hay "edificación" más grande y más noble que la que es de Dios en Dios.

         4. Las divinas personas edifican los actos de las razones divinas.

         5. El "deificante" edifica al "deificable" por el "deificar".

         6. El "deificar" es edificado por el fin.

         7. Dios edificó al hombre en sí mismo, por "deitar".

         8. Dios edificó el fin de las sustancias corpóreas en la naturaleza del cuerpo que tomó por la Encarnación.

         9. Dios edificó unas semejanzas en otras.

         10. Toda semejanza que lo es, en gran manera, de Dios, tiene gran edificio.

         11. En la pequeña bondad, no puede haber un gran edificio.

         12. El edificio, que es de la esencia del edificante y del edificable, es incorruptible.

         13. Mucho sabe de edificar, quien edifica su buen amar en Dios.

         14. Los caminos de Dios son edificados en Jesucristo.

         15. Las virtudes morales son palacios en los que habita Dios.

         16. Los pecadores edifican la misericordia de Dios en la esperanza, la paciencia y la humildad.

 

XLII

De la sustentación


         1. Porque Dios es sustancia, todo cuanto él es, se sustenta en ella.

         2. Porque Dios Padre produce de su sustancia a Dios Hijo, el Hijo es sustentado en sí mismo.

         3. Porque Dios Hijo es sustentado en sí mismo, es sustancia.

         4. El amar del Padre y del Hijo es sustancia en el Espíritu Santo.

         5. El Espíritu Santo es sustentado por el amar.

         6. En la bondad de Dios se sustentan todas las demás bondades.

         7. En el fin de Dios, se sustentan todos los demás fines.

         8. En la virtud interior se sustenta la virtud externa.

         9. La ciencia se sustenta en la memoria.

         10. Las especies nuevas se sustentan en las antiguas.

         11. Los méritos de los hombres se sustentan en la justicia de Dios.

         12. El honor del rey es sostenido por la justicia.

         13. La disposición y proporción de las criaturas es sustentada en el fin de Jesucristo.

 
Colaboraciones